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martes, 7 de julio de 2009

LAS COMPETENCIAS Y EL SISTEMA EDUCATIVO

Daniel Quineche Meza

En el periodo comprendido entre el término del segundo milenio y el inicio del tercer milenio han ocurrido un conjunto de cambios acelerados en varias dimensiones de la vida en la Tierra.

Quizás el cambio más significativo se ha observado en el campo de las comunicaciones como consecuencia de la aplicación de las nuevas tecnologías que ha llevado a la configuración de la internet[1], la que cada día abre nuevas posibilidades, impensadas, y de gran impacto en la diversidad de sociedades existentes.

Los impactos de las nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones se muestran en varios escenarios como los siguientes:

a) La economía. Al inicio parecía que el cambio sólo sería en el aumento de la velocidad para el procesamiento de la información y la consiguiente reducción de los tiempos y las distancias entre emisores y receptores. Sin embargo, el cambio ha sido mayor con la creación del comercio electrónico, que está llevando a recrear todo el sistema productivo y de comercialización y hasta cambiar los propios hábitos de consumo. Hoy nadie duda que estemos frente a una economía global y sus consecuencias, como la actual crisis financiera.

b) La organización, particularmente, la productiva. Las empresas productivas sienten la presión de la aceleración de los cambios y se ven obligadas a responder incrementando su productividad y reduciendo sus costos de operación, es decir, incrementando su eficiencia y eficacia (competitividad). Estas nuevas metas sólo son posibles de alcanzar en función de la participación comprometida de todos los miembros de la organización, lo que lleva al aplanamiento de sus estructuras organizacionales con la finalidad de acceder más rápido a los puntos críticos y tomar las decisiones más pertinentes. Es la época de los sistemas de calidad total.

c) El conocimiento. Hasta donde conocíamos el conocimiento y su dominio era un potencial propio de las personas. La creación de la imprenta fue el primer paso en la des-corporacíón del conocimiento; sin embargo, por mucho tiempo la accesibilidad al conocimiento fue muy limitada. En la actualidad la internet no sólo ha completado el proceso de des-corporación del conocimiento sino que facilita su accesibilidad y más aún ha propiciado la aparición de nuevos actores en la creación y difusión del conocimiento. De allí que la nueva época se le denomina “era del conocimiento”.

d) La innovación. La historia de la humanidad está marcada por innovaciones científicas y tecnológicas. Pero lo que ahora impresiona es el ritmo de innovación permanente, su intensidad y rápida difusión y aplicación. Por ejemplo, el transistor a los 3 años de su invención ya estaba en los comercios. Esta es la época en que en los laboratorios y universidades se están produciendo permanentemente innovaciones científico-técnicas y, sus resultados, de inmediato ingresan a formar parte de la producción, el trabajo y la vida de las personas.

Los cambios que se están dando son tan profundos que la mejor manera de expresarlo es que estamos viviendo un cambio de paradigma cultural. Este cambio demanda profundas transformaciones en las maneras de cómo se percibe y actúa en el mundo, pues los conocimientos, habilidades y actitudes que han de poseer las personas no pueden ser las mismas que las del pasado.

Si se trata de resumir en una sola expresión las actitudes, conocimientos, habilidades y comportamientos que debieran caracterizar al hombre contemporáneo, sería la flexibilidad. Esto implica que las personas han de tener una mente abierta, adoptar la indagación como actitud vital, tolerar la ambigüedad y la incertidumbre, estar dispuestas a aprender permanentemente.

El desafío que hoy enfrentan los sistemas educativos es el de formar personas flexibles capaces de participar como ciudadanos y productores en una era en la que poco sentido tiene la estabilidad, los dogmatismo, los comportamientos reglados y rígidos, la defensa del statu quo. Se requieren personas más instruidas, más funcionales, con más ética y responsabilidad social, con disposición para el trabajo en equipo, por tanto, más comunicativas y con disposición para aprender a lo largo de toda su vida.

Desde esta perspectiva se ha puesto en tela de juicio el modelo formativo de los sistemas educativos. El patrón histórico de formar primero para luego utilizar lo que se ha aprendido y de que hay una etapa para la formación y otra para el trabajo, hoy ha sido desbordado. Además, no basta la incorporación masiva de las personas a los sistemas educativos sino la calidad de la formación que ofrecen.

La respuesta a estos desafíos ha llevado a plantear un nuevo enfoque para comprender y enfrentar la formación de las personas de modo que estén en mejores condiciones para vivir en este escenario de cambios tan dinámicos. Es así que se ha ido delineando el enfoque de formación basado en competencias.

El primer paso se dio en el campo productivo. Mertens y sus colaboradores plantearon La necesidad de diseñar propuestas formativas que respondan a las necesidades de las organizaciones productivas de modo que ellas puedan mejorar su productividad y posicionamiento en los mercados. Su base fueron los estudios que indicaban que las estrategias empresariales hacia la competitividad se basaban en la construcción de redes de colaboración entre la función productiva y otros agentes como los proveedores, consultores, contratistas, clientes, trabajadores, etc. Hicieron evidente que lo importante ya no eran los activos físicos y financieros sino otros intangibles muy valiosos como el conocimiento, la formación, la capacidad de innovación, el manejo del mercado, los sistemas de motivación, etc. En suma, uno de los componentes clave en la nueva organización empresarial es el factor humano, su contribución que hacen a favor de los objetivos de la empresa. Por tanto, el surgimiento del enfoque de competencia laboral está relacionado plenamente con la estrategia de competitividad, dada la necesidad de la empresa por diferenciarse en el mercado a partir del desarrollo de su fuerza laboral.

La presión de los cambios también se extiende a los niveles superiores del sistema educativo y los centros de educación superior han comenzado por adoptar el nuevo enfoque de la formación basada en competencias y centran sus acciones formativas en el desarrollo de las competencias profesionales. El paso más importante se ha dado en las universidades europeas a partir del acuerdo de Bolonia[2]. Todas las instituciones universitarias de la mayoría de países europeos se hayan inmersas en un proceso de profunda transformación para alcanzar lo que se conoce por convergencia de los sistemas universitarios hacia el 2010. Una de las principales características de este cambio lo constituye la introducción de un nuevo sistema de créditos (ECTS[3]) que orienta el diseño de los planes de estudios de las diversas titulaciones y los hace compatibles entre los diversos países, facilitando así la movilidad de los estudiantes y el reconocimiento de los estudios realizados. En este escenario es que se propone a las competencias para hacer visibles los logros alcanzados.

En la actualidad se reconoce que las competencias no sólo se justifican para propiciar un mayor acercamiento entre la formación profesional y el sistema productivo sino porque:

  • La naturaleza integral del concepto de competencias posibilita la concreción de los cuatro pilares del aprendizaje del siglo XXI: conocer y aprender a aprender, saber hacer, saber ser y saber vivir en paz con los demás (Informe Délors, 1999).
  • Potencia la renovación curricular al aborda el currículo de manera integral como propuestas (planes y programas de estudio y materiales), prácticas docentes (implementación curricular) y evaluación de los aprendizajes.
  • Provee una metodología y un lenguaje común que permitirá aumentar la legitimidad, comparabilidad y competitividad de los títulos profesionales.
  • Provee las bases para la comparación de las mallas curriculares y la certificación y recertificación de profesionales.

Finalmente, se ha llegado a la comprensión de que hay un conjunto de competencias comunes (transversales) a todas las ofertas formativas del campo laboral y profesional que deberían desarrollarse desde las edades más tempranas. Estas son las competencias básicas, las que son el centro de atención de todos los sistemas educativos en el nivel de formación básica y de las cuales me ocuparé en otro momento.



[1] En 1989, el físico Tim Berners-Lee presentó a los directivos del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN) una propuesta para la gestión de la información con la finalidad de desarrollar una herramienta informática para que la comunidad internacional de físicos de partículas, desperdigados por todo el mundo, pudiera compartir sus conocimientos científicos de forma rápida y sencilla. Al año siguiente bautizó su propuesta como World Wide Web (WWW), una de las mayores revoluciones de todos los tiempos.

[2] Declaración de Bolonia de 1999: los estados miembros se comprometen a adoptar un sistema de titulaciones comparable que promueva oportunidades de trabajo para los estudiantes y una mayor competitividad internacional.

[3] European Credit Transfer and Accumulation System.

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